Hace algunos meses sentía como si hubiese sido arrojado de un edificio de veinte pisos con un ancla atada a mis pies, dirigiéndome velozmente como flecha vertical hacía la mar que me esperaba como un monstruo con la boca bien abierta listo para devorarme.
Vivía una situación tan desesperante como alguien a quién se le entierra vivo y entre la falta de oxigeno y su lucha por salir araña todo el ataúd aplastado por cientos de kilogramos de tierra. Era la más difícil situación a la que me enfrentaba, era muy triste verme a mí mismo hundirme, desmoronarme sin poder hacer nada por cambiar el curso de esta gris historia. Era muy frustrante caer abatido pues nunca había sucumbido a ningún obstáculo y ahora esta quimera me tenía justo ahí, con sus dientes sobre mi yugular.
Con menos convicción que fuerza no encontraba la forma de derrotar a esa quimera, mitad recuerdo de lo que alguna vez fui y mitad imagen de lo que una vez soñé ser.
Tuve que soportar mucho dolor durante mucho tiempo para entender que esa quimera era inmortal en tanto no cambiara mi pensamiento, sin embargo, cualquiera de mis mejores intentos era totalmente inútil; entonces en un día cualquiera en el que renunciaba a todo, en mi propia oscuridad ocurrió el milagro y encontré una chispa de luz, un pedacito esperanza que había perdido; y en ella la fuerza y las ganas de luchar.
Cuando todo parecía perdido vino un regreso épico, logré zafarme de la cadena que me hundía y detener la inercia, con la vista clavada en lo alto vengo del país de los muertos ganándole metros al cielo.
Es cierto que es doble esfuerzo por estar aún bajo el mar, pero la caida ya fue, el golpe mortal ya paso y sobreviví a él, ahora viene el ascenso, como la representación de una gráfica cuando se habla de sustentabilidad.
También es cierto que falta mucho camino pero hoy mentalmente soy mucho más fuerte y aunque en ese punto me siento invencible, sé que vendrán otros difíciles obstáculos a quererme detener, pero cuando éstos lleguen yo no solamente estaré recuperado sino que me habré fortalecido diez veces más y estaré esperando ansioso ese momento agazapado como un lobo para enfrentar una vez más una feroz batalla.