martes, 25 de febrero de 2020

A.Z.


Me haces escribir a todas horas,
sobre un montón de hojas blancas,
sobre la mesa en la que sorbo el café,
sobre el suelo que van alcanzado mis pies
en los grande árboles que voy encontrando,
en el vapor que se eleva al medio día,
en las paredes de las casas sigo escribiéndote,
en el horizonte o la cajuela de los autos,
en la sombra que se extiende en la tarde.
Me haces escribirte a todas horas,
hasta cuando me habla la gente
escribo en su frente , en su cara,
en sus palabras que no entiendo,
en el silencio de la noche,
si pudieras ver como tengo rayado todo,
ya no encuentro donde poner tu nombre.
Hasta dentro de mi cabeza,
te escribo a todas las horas,
cuando sueño,
cuando cierro los ojos;
bajo mis párpados
continúo escribiéndote 
que  te quiero.

AL Entrar EsTaS tÚ


Siento que soy un ave
y que tú eres el cielo.
Siento que floto.
Siento que sueño.
Que soy como un río
y tú eres cómo la lluvia,
lluvia que llena los ríos;
agua esperada,
intensa, fresca,
que humedece,
que riega la tierra,
que acaricia,
que alimenta,
que me llena.
Ya no soy rio seco,
tengo agua,
agua nueva,
renovada,
limpia,
trasparente.
Soy caudaloso,
profundo,
largo,
manso,
fuerte,
grande;
no lo sabía,
tengo música,
tengo peces,
tengo colores,
tengo risas,
tengo suspiros,
un arcoíris
con tu nombre,
al entrar
estás tú,
que eres líquido,
que eres lluvia,
que eres agua
que diariamente
me llenas
con vida;
alegría.


Era lo que más me gustaba, la tranquilidad y la paz; se respiraba, se sentía, se veía en todas direcciones; en cada una de las puestas de sol, que se ahogaban en ese hermoso lago escondido, gigantesco, silencioso, de aguas azules y mansas.
Mi lugar favorito; cuántos pensamientos, cuántas reflexiones, cuántas ideas, cuántas respuestas medité allí. Y en ninguna de ellas pude imaginar lo que vendría en el libreto más tarde, bajo esas profundas aguas; vivían dormidos, abominables monstruos que iban a despertar.

fIn

Reconozco que llevo días creyendo,
Que hoy es el último adiós.
De verdad que lo es hoy.
Lo he dicho tantas veces.
Que no sé si lo estoy postergando
O en realidad no lo quiero
O si lo quiero pero no puedo.
Como cuando no pude conservar las cosas.
Cuando tuve una, dejé otra.
Cuando recuperé la primera,
Ya había perdido el norte
Y cuando hallé la brújula,
Mis ganas de moverme;
Ya habían partido sin rumbo.
Y así aprendí,
Que felicidad y alegría se parecen,
Pero no son iguales,
Porque al tomar una,
Tuve que dejar caer la otra.
No supe entenderte antes,
Mucho menos lo consigo ahora;
¿Que buscas?, ¿qué quieres?,
¿Vienes reírte con palomas blancas?,
¿Es una especie de amnesia, de reinicio?,
No entiendo.
Parece más una burla al tiempo,
Que causa dolor con su destello,
Que lastima al recordar su eco,
De cuando perdí la risa y media alma.
Alucinaciones o demencia,
Estoy a punto de empezar otro enero
Y no sé si celebrar o lamentar.
El mismo fantasma otro año más,
El mismo hombre con las suelas más lisas.
Es verdad, me sigues doliendo;
Como taladro que escarba mi pecho,
Como rayo que me parte de sur a medio norte.
Pero hoy es el último de los últimos adioses.
Hoy si, en serio que es.
Mi vieja herida,
Mal sanada,
Mal cauterizada,
Mal cicatrizada…