martes, 26 de junio de 2012

a MeDiAs


Para mí solo te fuiste a medias, y aunque los días eran un infierno; no hubo una sola noche en la que no aparecieras en mi sueño como un ángel, siempre estuviste para dedicarme las palabras exactas, una sonrisa de ternura a este loco que no dejaba de repetir tu nombre mientras dormía.

Para mí nunca te fuiste, siempre estuviste conmigo en los momentos difíciles, en los momentos que te necesite el recuerdo de tu sonrisa fue suficiente para alumbrar la senda plagada de trampas. En los días tormentosos de obscuridad, te aparecías como un ángel para darme el aliento necesario y emerger del mar en el que me estaba hundiendo.

Quizá tú no lo sepas, pero aparecías en mis sueños; para platicar de las cosas que durante el día eran imposibles contarte. Aparecías para dedicarme una mirada de ternura y un gesto amable a todo mí dolor; y entonces ponías la mano sobre mis heridas y éstas sanaban como por artificio de magia. 

Siempre estuviste a mi lado cuando perdía el rumbo, para tomarme de mano y devolverme al camino justo, para ayudarme con mis preocupaciones que junto a ti se desvanecían.

Siempre estuviste junto a mí, para verme alcanzar un logro, un sueño que era tuyo también. Tu ángel siempre llegaba para cuidarme, para ver que todo marchara bien.

Nunca deje de escuchar tu voz, siempre estuvo en mi cabeza hablándome de algo y yo siempre te pensé en silencio, tan fuerte que a veces sentía gritaba tu nombre y echaba una mirada a mi alrededor; por si alguien me llamaba loco así como lo hacían quienes me veían sonreír repentinamente al recordarte.

Para mi solo te fuiste a medias, porque media parte de ti; vive en mí.

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Si llorar solucionara todo, lloraría hasta remendarme la vida; y no lo haría por el hecho de querer arreglarla sino por esta inmensa tristeza que duele todavía más. Si este dolor no se ha convertido en lágrimas es solo porque aún me queda este orgullo lastimado y absurdo de aguantarme el llanto.

Es difícil respirar con un clavo atravesado en el alma que empieza a oxidarse y a corroer mis ganas de avanzar, me duele la vida como una maldita uña enterrada en la garganta.

Todos los días están infectados con mi debilidad, todos los días, ya no sé si por ganas o por costumbre saco la aguja, preparo la dosis y empiezo a soñar el futuro, a rememorar el pasado.

¿Pero cómo hacer para despertar de un sueño que aunque hermoso; falso? ¿Cómo me quito la anestesia si al más mínimo movimiento el efecto aumenta?

Todos los días están llenos de mi enfermedad; todos los días tomo el pico, rompo el piso y en estas cuatro paredes armo la tumba en la que he de sepultarme hasta el siguiente amanecer y así sucesivamente, cada día una tumba distinta para un mismo muerto.

¿Cómo detengo la carrera de mi muerte si aunque no la quiera ya, va sobre una bajada, sin frenos, triplicando su velocidad; la insería me lleva aun en contra mi voluntad, día a día al destino que no quiero llegar?

Es más fuerte mi propio demonio que se bebe mi vida, que me arranca el dolor a mordidas, así como la hienas hacen con lo que ya soy…carroña.

domingo, 24 de junio de 2012

eRrOr FaTaL

A veces me pregunto en que momento me equivoque, donde estuvo el error.

Otras veces creo que el error se originó desde mucho tiempo atrás, un error que me trajo a situaciones que tal vez no sean errores como yo creo en la actualidad, sino aciertos en relación al primer gran error que no puedo identificar

Aunque últimamente he llegado a la conclusión de que el error soy yo, un error inevitable de este mal sistema que simplemente está programado con este patrón de equivocarse.

...


Que difícil debe ser la vida para todos aquellos que intentamos entenderla,  nada somos sino solo dramáticos, apasionados y exagerados muñecos de papel intentando descifrar la forma de beberla de la mejor manera.

Ella se bebe así, simple; sin azúcar o endulzantes, tampoco se necesitan saborizantes. Su decoración es minimalista. Su vestir casual.

Y aunque yo conozco la forma… los demonios me hablan, los fantasma se sientan junto a mí, los muertos me abrazan hasta el lugar donde vuelvo a darme cuenta que he fallado una vez más, que estoy haciendo las cosas que prometí no hacer nunca más, que soy débil y que el vicio es más fuerte, el vicio de complicarme la vida con letras y anuncios de colores.

Y una maldita vez más termino atrapado en este dulce laberinto, en esta casa de espejos que no me permite ver la salida.

Y termino así como siempre que ha empezado todas las otras veces; con un café en la mano y una pluma en la otra intentando entender la vida que a veces tengo y que otras me falta.