Para mí solo te fuiste a medias, y aunque los días eran un infierno; no
hubo una sola noche en la que no aparecieras en mi sueño como un ángel, siempre
estuviste para dedicarme las palabras exactas, una sonrisa de ternura a este
loco que no dejaba de repetir tu nombre mientras dormía.
Para mí nunca te fuiste, siempre estuviste conmigo en los momentos difíciles,
en los momentos que te necesite el recuerdo de tu sonrisa fue suficiente para
alumbrar la senda plagada de trampas. En los días tormentosos de obscuridad, te aparecías
como un ángel para darme el aliento necesario y emerger del mar en el que me
estaba hundiendo.
Quizá tú no lo sepas, pero aparecías en mis sueños; para platicar de las
cosas que durante el día eran imposibles contarte. Aparecías para dedicarme una
mirada de ternura y un gesto amable a todo mí dolor; y entonces ponías la mano
sobre mis heridas y éstas sanaban como por artificio de magia.
Siempre estuviste a mi lado cuando perdía el rumbo, para tomarme de mano
y devolverme al camino justo, para ayudarme con mis preocupaciones que junto a ti
se desvanecían.
Siempre estuviste junto a mí, para verme alcanzar un logro, un sueño que
era tuyo también. Tu ángel siempre llegaba para cuidarme, para ver que todo
marchara bien.
Nunca deje de escuchar tu voz, siempre estuvo en mi cabeza hablándome de
algo y yo siempre te pensé en silencio, tan fuerte que a veces sentía gritaba tu
nombre y echaba una mirada a mi alrededor; por si alguien me llamaba loco así
como lo hacían quienes me veían sonreír repentinamente al recordarte.
Para mi solo te fuiste a medias, porque media parte de ti; vive en mí.