martes, 26 de junio de 2012

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Si llorar solucionara todo, lloraría hasta remendarme la vida; y no lo haría por el hecho de querer arreglarla sino por esta inmensa tristeza que duele todavía más. Si este dolor no se ha convertido en lágrimas es solo porque aún me queda este orgullo lastimado y absurdo de aguantarme el llanto.

Es difícil respirar con un clavo atravesado en el alma que empieza a oxidarse y a corroer mis ganas de avanzar, me duele la vida como una maldita uña enterrada en la garganta.

Todos los días están infectados con mi debilidad, todos los días, ya no sé si por ganas o por costumbre saco la aguja, preparo la dosis y empiezo a soñar el futuro, a rememorar el pasado.

¿Pero cómo hacer para despertar de un sueño que aunque hermoso; falso? ¿Cómo me quito la anestesia si al más mínimo movimiento el efecto aumenta?

Todos los días están llenos de mi enfermedad; todos los días tomo el pico, rompo el piso y en estas cuatro paredes armo la tumba en la que he de sepultarme hasta el siguiente amanecer y así sucesivamente, cada día una tumba distinta para un mismo muerto.

¿Cómo detengo la carrera de mi muerte si aunque no la quiera ya, va sobre una bajada, sin frenos, triplicando su velocidad; la insería me lleva aun en contra mi voluntad, día a día al destino que no quiero llegar?

Es más fuerte mi propio demonio que se bebe mi vida, que me arranca el dolor a mordidas, así como la hienas hacen con lo que ya soy…carroña.

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