Me haces escribir a todas horas,
sobre un montón de hojas blancas,
sobre la mesa en la que sorbo el
café,
sobre el suelo que van alcanzado
mis pies
en los grande árboles que voy
encontrando,
en el vapor que se eleva al medio
día,
en las paredes de las casas sigo
escribiéndote,
en el horizonte o la cajuela de
los autos,
en la sombra que se extiende en la
tarde.
Me haces escribirte a todas horas,
hasta cuando me habla la gente
escribo en su frente , en su cara,
en sus palabras que no entiendo,
en el silencio de la noche,
si pudieras ver como tengo rayado
todo,
ya no encuentro donde poner tu
nombre.
Hasta dentro de mi cabeza,
te escribo a todas las horas,
cuando sueño,
cuando cierro los ojos;
bajo mis párpados
continúo escribiéndote
que te quiero.
que te quiero.
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