Me sorprende la facilidad con la que me lees, lo predecible que resulto; con mis gestos, mirada y tono de voz; la exactitud con la que precisas mis reacciones, me lees como si fuera un libro abierto que intento ocultar.
Sabes los movimientos que voy a realizar, cuál si fueras campeón de ajedrez y yo simple aficionado; conoces lo que voy hacer, la línea que voy a seguir; entras en mi forma de pensar y consigues saber hasta qué errores voy a cometer, pero aún así estás aquí, tomándolo con el aplomo de un torneo de clase mundial.
Es como si leyeras con interés un libro que ya sabes por cuál final se inclinará el autor, y aún así continuas... y aunque está de más decirlo; a mí me encanta que continúes, sobre todo porque sigues adelante aún sabiendo el final.
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