Nunca he tenido miedo de que algo
malo me pudiera suceder, aún sabiendo que es una de las probabilidades que todos
sin querer corremos.
Sin embargo hoy he sentido miedo,
he estado intranquilo, temeroso, camino con cuidado por las calles, evito las
cosas de peligro, porque hoy me encuentro ante la más bella de todas las
posibilidades, puede que mañana tenga la oportunidad de ser feliz.
Mi felicidad es un volado en cámara
lenta, con un suspenso desquiciante que enmudece el alma. Decidir entre águila y sol.
Por mi parte escojo lo segundo,
el sol; la luz , por lo que para mí representa. La moneda se suspende por el aire y empieza a girar sin piedad
del corazón; águila, sol, águila, sol, águila, sol...
No soy el mismo, definitivamente no.
Me asalta el miedo, me alienta la esperanza, me vuelve a golpear el miedo...
Miedo a las alas del águila,
esperanza al sol; dulce esperanza mientras una mano invisible me sujeta del
corazón, me duele, si; pero esperare.
Miedo otra vez, de quizá nunca saber que iba a ser feliz mañana.
Es como si la vida se detuviera y yo
me ausentara de ella; porque me juego la vida en ese volado.
Después de eso no seré el mismo, definitivamente no.
Es como si el tiempo se cansara de
correr y caminara como niño, lento y a tropezones. Sin duda no podré aguantar la compostura;
no soy el mismo dicen todos que me ven con la sonrisa rota, con la mirada expectante. Me lo dicen todos
mientras mi boca como puede responde apresuradamente que estoy bien y mis ojos que me delatan dando paso a la
incoherencia de mis palabras que se quiebran.
Mal; bien; águila; sol, mal; bien; águila, sol; mal; bien; águila,
sol...
Estoy bien,
estoy mal; ambas cosas al mismo tiempo, pero no lo sabe nadie, así como tampoco
sabe que el giro de mi vida depende del giro de una moneda que solo un loco en
su cabeza inventa...
Voy a esperar,
voy a esperar el sol; es muy oscuro pero quizá mañana amanezca.
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