Este es el lugar donde ninguna cosa tiene sentido, donde las ideas
mueren poco antes de formarse, aquí es donde los árboles lloran hojas amargas.
Este es lugar donde aprendes a morderte los dientes y atarte las manos para
fingir ser fuerte, aquí la tierra asecha como bestia carroñera; y como si fuese
un milagro el tiempo se detiene en una cápsula, todo se reduce a un instante,
como si un soplo de aire gélido paralizará este violento infierno.
Una enésima oportunidad se desvanece y el dolor es tan intenso que
arranca pedazos de recuerdos que luchan por no morir en una y en otra
convulsión. La lastima parece ausente, hasta el mismo sonido se parte, los
pedazos de vida caen al suelo sediento de sangre.
Este es el lugar donde los gritos se ahogan, donde el silencio se
convierte en una fúnebre melodía; sientes hervirte en un inmenso e intenso
fuego; es tan grande el dolor que te das por vencido sin siquiera haber
intentado luchar, decides consumirte en ese fuego; así pues abres los ojos y
sigues intacto queriendo morir pero sin conseguirlo.
Ese ácido se hace tan apetitoso, es un antojo que termina siendo
impulso; se convierte en una refrescante y mortal bebida que deseas aun
sabiendo que es sinónimo de muerte. Es una bebida que te alivia mientras la
tomas; no puedes parar una vez que has empezado; es tan agradable, pero una vez
terminada empieza la muerte más desapiada que pueda existir, esa que mata sin
matar físicamente.
Ahora ya es tarde, todo parece muerto, nada tiene signos de vida y yo
soy parte de ese todo, he muerto, me lamento.
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