jueves, 12 de julio de 2012

lA mUeRtE dE lOs HeRoEs


Yo solo sé que eran grandes mis aspiraciones. Hoy simplemente tengo sueños que mueren de sed. Presas de la desesperación beben su propia fuerza, derrotado por la tenue noche, por los ligeros vientos.
Escarbo en mi memoria en busca de aliento, una muerte más decorosa sería mejor; fríos, lejanos e invisibles recuerdos se asoman tímidamente; y otra vez esos malditos fantasmas de siempre.
Un Che Guevara tirado bajo la cama; bajo una densa capa de polvo, Simón Bolivar; a Kasparov lo he regalado; Funakoshi un simple nombre; Galieo y Darwin ha muerto hoy; Zapata, Freud y Makarenko simplemente se han extraviado; el silencio acompaña la música de John; cuatro paredes, una foto, una tibia luz son testigos que la escoria ha alcanzado al fuego.
Espíritu inmortal e inquebrantables, el carácter y la voluntad de un hombre degolladas por la espada de amnesia  y lo peor es que, después de todo no saben tan mal los sueños cocidos al carbón, comerse su propio yo, su propio ser, náuseas del fracaso.
Todos mis héroes están muertos, pero no me refiero a la muerte física, sino a la muerte del olvido... la vida sigue comiendo y comiendo, cada vez pesa más. No hay remedio, no para este abatido alguna vez guerrero. No hay remedio, quisiera alcanzar la orilla de la misma forma en que alguna vez quise llegar al sol. Voy a dejarme hundir en este bello, violento y triste mar. Una escoria va a ser borrada del mapa. Mis brazos no tienen fuerza, no siento las piernas mientras el último recuerdo escapa en forma de lágrima. Yo ya no puedo más.
¿Ayuda?, no la quiero ni la espero... nadie me vio caer. Nadie me vio nunca luchar contra las olas.

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