Yo solo sé que eran
grandes mis aspiraciones. Hoy simplemente tengo sueños que mueren de sed.
Presas de la desesperación beben su propia fuerza, derrotado por la tenue
noche, por los ligeros vientos.
Escarbo en mi memoria
en busca de aliento, una muerte más decorosa sería mejor; fríos, lejanos e
invisibles recuerdos se asoman tímidamente; y otra vez esos malditos fantasmas
de siempre.
Un Che Guevara tirado
bajo la cama; bajo una densa capa de polvo, Simón Bolivar; a Kasparov lo he
regalado; Funakoshi un simple nombre; Galieo y Darwin ha muerto hoy; Zapata,
Freud y Makarenko simplemente se han extraviado; el silencio acompaña la música
de John; cuatro paredes, una foto, una tibia luz son testigos que la escoria ha
alcanzado al fuego.
Espíritu inmortal e inquebrantables,
el carácter y la voluntad de un hombre degolladas por la espada de amnesia y lo peor es que, después de todo no saben
tan mal los sueños cocidos al carbón, comerse su propio yo, su propio ser,
náuseas del fracaso.
Todos mis héroes están
muertos, pero no me refiero a la muerte física, sino a la muerte del olvido...
la vida sigue comiendo y comiendo, cada vez pesa más. No hay remedio, no para
este abatido alguna vez guerrero. No hay remedio, quisiera alcanzar la orilla
de la misma forma en que alguna vez quise llegar al sol. Voy a dejarme hundir
en este bello, violento y triste mar. Una escoria va a ser borrada del mapa.
Mis brazos no tienen fuerza, no siento las piernas mientras el último recuerdo
escapa en forma de lágrima. Yo ya no puedo más.
¿Ayuda?, no la quiero
ni la espero... nadie me vio caer. Nadie me vio nunca luchar contra las olas.
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