No le vi, seguramente
ingreso a hurtadillas mientras yo moría.
Tampoco le escuche, es
probable que haya caminado de puntillas.
Desde ese momento se
instaló ahí para quedarse siempre, inmóvil.
Es una habitante más
del espacio que yo no decidí compartir.
Cada noche le veo
observándome con esos indagadores ojos.
Al despertar mi
primera mirada busca siempre a ella.
Y ahí sigue,
estática, sin haber saciado su
curiosidad.
Junto a mí, reconozco
su perfume en cualquiera de mis sueños
En cualquier parte,
desde cualquier otra lejana dimensión...
Revoluciona, acelera
mis ideas y cada parte de mi mente
Hasta convertirse en
un circulo vicioso entre el placer y el hastió
Me gusta y le
aborrezco al mismo tiempo, en el mismo espacio
Quedo a merced de
ella, dócil, insignificante a su inmenso poder
Soy un títere, ella
reina de noche, me persigue durante el día
Ella vive conmigo. Ha
llegado para quedarse indefinidamente
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